Generación Y -

Generación Y es un Blog inspirado en gente como yo, con nombres que comienzan o contienen una "i griega". Nacidos en la Cuba de los años 70s y los 80s, marcados por las escuelas al campo, los muñequitos rusos, las salidas ilegales y la frustración. Así que invito especialmente a Yanisleidi, Yoandri, Yusimí, Yuniesky y otros que arrastran sus "i griegas" a que me lean y me escriban.

¿Cómo hacer un buen periódico?

En estos tiempos que corren, en que los grandes medios de prensa apenas si logran salir de la crisis, muchos se preguntan ¿cómo hacer un buen periódico? La cuestión no sólo incluye el contenido a elegir, sino también cómo lograr que resulte rentable y el dilema entre el formato digital o el papel. No hay fórmulas claras. Pequeños sitios webs se erigen –en poco tiempo- como referencia informativa, mientras algunos colosos de la noticia caen en los números rojos y la pérdida de lectores. Nadie sabe a ciencia cierta por dónde irá la prensa del futuro.

Acostumbrados al salto tecnológico y a quemar etapas, los cubanos muy probablemente pasaremos de una prensa oficial, monopolio de un único partido, a una multitud de medios que pujarán por ganar protagonismo. El día en que quede legalizada la existencia de periódicos no gubernamentales, numerosas publicaciones –hoy clandestinas- podrán leerse abiertamente y hasta comprarse en el estanquillo de la esquina. Aunque para ese momento falta todavía, vale la pena irse preparando.

Si pudiera resaltar al menos una característica imprescindible de la prensa, elegiría la interacción con los lectores. La relación estrecha entre el redactor de la información y su receptor, es vital para que un periódico se acerque a las exigencias de la modernidad y de la objetividad. Justo por estos días en que en La Habana, damos los últimos retoques a un nuevo medio digital nos ayudaría mucho escuchar vuestras opiniones. Sin ustedes, sólo se lograría un medio más que se hable a sí mismo, efímero e intrascendente.

Así que vuelvo a la carga y les pregunto ¿Cómo hacer un buen periódico?¿Qué temas sugieren que tratemos en sus páginas? ¿Qué secciones valdría la pena incorporar al sitio? ¿Cómo involucrarlos a ustedes en la elaboración del contenido? ¿Con qué firmas imprescindibles deberíamos contar? ¿Algún modelo o ejemplo a seguir? Y la gran interrogante ¿Se puede hacer un periodismo de calidad en medio de las actuales condiciones de Cuba?

Las respuestas pueden dejarlas en los comentarios de este blog, el módulo de debate de Dontknow o colocarlas en la página “Contacto”. ¡Gracias de antemano, por ayudar a darle rasgos al bebé antes del nacimiento!

Alamar y el Hip-Hop

Imagen de previsualización de YouTube

¡Vamos a Alamar! Nos decía mi madre y partíamos a visitar unos parientes que vivían en la llamada “Siberia”. Llegábamos hasta una zona de edificios feos, toscos, tirados sobre la hierba sin orden ni concierto. Jugábamos con otros niños entre aquellos cajones de concreto y en la alta hierba que les crecía alrededor. Olía a mar y también a aburrimiento. Debió ser la ciudad del hombre nuevo, pero quedó apenas en un fracasado experimento arquitectónico.

Alamar, a pesar de sus minusvalías urbanísticas, ha sido el hervidero de un género musical vibrante y contestatario: el hip-hop. En su anfiteatro se dieron algunos de los más memorables conciertos alternativos que se recuerdan en la Isla. Canciones duras, hechas con las palabras de la cotidianidad y la poesía de la calle. Duelos entre contrincantes que en lugar de arrojarse armas o golpes, se lanzan palabras y rimas. ¿Cómo fue que el escenario para aquel “ciudadano de laboratorio” terminó por cobijar estas letras de la rebeldía? ¿Qué pasó con los himnos victoriosos que dieron paso a tan corrosivos versos de la sobrevivencia?

Lo que ocurrió fue que la realidad se impuso. Alamar resultó una de las zonas habaneras más golpeadas por los rigores económicos del Período Especial. Vio partir a miles de sus habitantes durante la Crisis de los Balseros en 1994 y padeció larguísimos cortes eléctricos acompañados de robos y otros actos de violencia. Los técnicos rusos se marcharon, los okupas hicieron suyas las casa que quedaron vacías y los exiliados chilenos, que allí vivían, retornaron –en la mayoría de los casos- a su país.

Llegaron entonces los inmigrantes de las provincias orientales, las construcciones ilegales se extendieron por doquier y la policía declaró aquella ciudad dormitorio como “zona de peligrosidad”. Un “almacén de gente” concebido para individuos disciplinados y adocenados, demostró que cuando se juguetea con la alquimia social o constructiva, rara vez  se logran los resultados esperados.

En medio del cemento gris, las diminutas habitaciones y el tedio, el hip-hop se ha convertido  en banda sonora del día a día. Alamar ha logrado tener su propio ritmo. Una cadencia que golpea en la cabeza como esas olas que rompen contra el diente de perro de su litoral. Como aquellos picos golpeando el suelo para colocar los cimientos de un futuro cuadriculado y sumiso, que nunca llegó.

Violencia y discurso público

Afiche por el sexto aniversario de la revista Convivencia

Afiche por el sexto aniversario de la revista Convivencia

Una mujer le da una paliza a niño, que parece su hijo, en una esquina. Los transeúntes que pasan no se meten. Cien metros más adelante, dos hombre se enzarzan en una pelea porque uno le pisó los zapatos al otro. Llego a casa reflexionando sobre esa agresividad, a flor de piel, que se siente en la calle. Para salirme de tanta crispación, leo el último número de la revista Convivencia que acaba de cumplir seis años de fundada. Encuentro en sus páginas un artículo de Miriam Celaya, quien casualmente aborda esa “peligrosa espiral” de porrazos, gritos e irritación que nos rodea.

Bajo el título “Apuntes en torno al origen antropológico de la violencia en Cuba”, la mordaz analista hurga en los antecedentes históricos y culturales del fenómeno. Nuestro propio recorrido nacional, hecho “a sangre y fuego”, no ayuda mucho a la hora de promocionar actitudes como el pacifismo, la concordia y la conciliación. Desde los horrores de la esclavitud durante la colonia, pasando por las guerras de independencia con sus cargas al machetes y sus prepotentes caudillos, hasta llegar a los sucesos violentos que también caracterizaron la república. Una larga lista de iras, golpes, armas e insultos moldearon nuestra idiosincrasia y son enumerados magistralmente por la periodista en su texto.

Mención aparte le merece el proceso comenzado en enero de 1959, que hizo del odio de clases y de la eliminación del diferente, pilares fundamentales en el discurso político. De ahí que aún hoy, la mayor parte de las efemérides que conmemora el gobierno, refieren a batallas, conflictos bélicos, muertes o “flagrantes derrotas infringidas” al contrincante. El culto a la cólera es tal, que el propio lenguaje oficial no se da cuenta ya del encono que promueve y transmite.

¡Pero cuidado! El odio no se puede “teledirigir” una vez fomentado. Cuando se aviva el rencor a otro país, termina por validarse también la ojeriza contra el vecino cuya pared colinda con nuestra casa. Quienes crecimos en una sociedad donde el acto de repudio se ha justificado como “legítima defensa del pueblo revolucionario”, podemos pensar que los golpes y los gritos son la manera de relacionarnos con lo que no entendemos. En ese entorno de violencia, la armonía nos resultará sinónimo de claudicación y la convivencia pacífica una trampa en que nos quiere hacer caer “el enemigo”.

Ley de Inversión Extranjera ¿saltar más allá de su propia sombra?

ley_inversion_extranjera

Un señor con barba y camisa desgajada lee el periódico en un portal de la calle Reina. “Esta gente está inventando el agua tibia…” se le escucha decir. En el diario que tiene entre sus manos se incluye un tabloide con la nueva Ley de Inversión Extranjera recién votada en la Asamblea Nacional. Aprobada por unanimidad, la controversial legislación llega en un momento en que la economía cubana necesita urgentemente capital foráneo.

El apuro por obtener inversiones no ha provocado, sin embargo, mayor flexibilidad en temas como la contratación de personal. La recién aprobada ley mantendrá el monopolio estatal sobre la empresa empleadora. Sólo a través de esa entidad, el empresario extranjero podrá contratar a sus trabajadores. Las personas confiables para el gobierno seguirán estando mejor valoradas a la hora de alcanzar una plaza.

El gobierno de Raúl Castro garantiza así que la mano de obra para inversionistas extranjeros le sea confiable al gobierno. Si entendemos la autonomía económica como requisito indispensable para alcanzar la autonomía política, sabe muy bien lo que hace el General Presidente al asegurar que los mejores salarios vayan a parar a bolsillos con probada fidelidad. De esa manera mantiene la compra de lealtades a partir de privilegios, que tanto ha caracterizado al modelo cubano.

Sin embargo, la fidelidad ideológica y la capacidad laboral no siempre van de la mano. Las nuevas empresas con capital foráneo, verán lastrado su desempeño –entre otras razones- por no poder acceder al mejor capital humano disponible. En ese punto queda claro que la Ley de Inversiones Extranjeras no puede saltar más allá de su propia sombra. Sigue marcada por el miedo a que los individuos se independicen salarial y políticamente del estado.